La pasión de Glen Gould por su propio piano

Es difícil pensar que un objeto de casi tres metros de longitud, negro, que pesa una tonelada y media pueda ser el centro de atención de un escenario y no ser notado. Todos reconocemos a un gran piano de concierto cuando lo vemos, pero la atención se posa siempre en aquel que está tocando sobre ese magnífico piano.

Aquellos de nosotros sentados en la audiencia, o escuchando un CD, tal vez demos al instrumento por sentado, pero puede hacer o destruir la presentación de un artista. Especialmente en el caso de la leyenda canadiense del piano Glenn Gould, quien falleció en el año 1982. La búsqueda de toda su vida era encontrar y luego obsesivamente mantener con Su piano, todas las cualidades de un apasionado amor.

Glenn Gould

Es una gran semilla para la periodista norteamericana Katie Hafner, quien ha llevado este lado poco conocido de la vida artística de Gould a un libro: “Un romance sobre tres piernas: La búsqueda obsesiva de Glenn Gould del Piano Perfecto” (editorial McClelland & Stewart). Hafner ha transformado toda esta investigación y recolección —tanto sobre Gould como de diversas personas que le conocieron y todos los pianos que pasaron por sus manos—, en una historia, mezclada con anécdotas y mucha perspicacia, sobre un canadiense cuyo nombre es reconocido en todo el mundo.

“Sabemos tanto acerca de Gould, pero tan poco sobre su piano”, dice Hafner dueño actual del gran piano Steinway que el pianista descubrió en las alas del Auditorio Eaton en el año 1960, que se convirtió en su compañero constante de innumerables conciertos y grabaciones. Gould demandaba trasladar el piano con él a las salas de concierto al igual que a los estudios de grabación de Nueva York y Toronto.


Era una relación de ensueño, hasta que los que realizaban las mudanzas accidentalmente estropearon el piano. Ni la fábrica Steinway ni el técnico de piano que trabajaba para Gould, Vern Edquist, pudieron reparar el daño. Edquist, uno de los técnicos de piano más populares de la ciudad antes de su retiro y de esto ya hacía varios años atrás, afinaba para Liberace, Victor Borge y un gran plantel de músicos importantes. Pero ninguno era como Gould en sus demandas. “Él tenía esa cosa de no querer gastar energía extra”, dice Edquist mientras intenta describir la respuesta relampagueante que el pianista buscaba.

  • Edgarovsky dice:

    Yo tocaba en un piano de una escuela desde que comence y ahora lo toco de nuevo y siento que me comunico con la música gracias a que conozco bien el Piano.

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