El oído sensible de Handel

Handel se encontraba sentado en su habitación de Brook Street enérgicamente atrapado en una composición. En el apartamento contiguo, una joven dama se encontraba ocupada en su práctica. Una repentina interrupción hizo que ella se detuviera en medio de una cadencia, cayendo abruptamente en la nota Dominante.

Handel se movió nerviosamente en su silla. Su mano espasmódicamente apretó su frente. En medio de su febril escritura los pensamientos dejaron de fluir. Frunció el ceño; miró hacia el techo con malicia; arrojó su pluma en un arrebato de desesperación; y en un instante se puso de pie apresurándose hacia la habitación de al lado. Una vez allí, demandó a la asombrada joven, “Por favor señora, toque el siguiente acorde!” y acto seguido se sentó sobre el taburete y atestó de un golpe al clavicordio la Tónica deseada. “Aquí tiene. Buenas tardes, señora.” y en un instante se volvió a perder en su intrincada composición.

George Handel

Lo único que nos muestra esta fragmentada historia es cuan delicadamente afinado es el oído de un músico, y que un acorde sin resolver en la habitación contigua, que no se encontraba escuchando éste de manera consciente, pudo poner fin a su concentración, irritándole y obligándolo a resolver el acorde.

He aquí una valiosa lección para el estudiante común. ¿Debes procurar, durante tus horas de práctica, entrenar el oído para ser un crítico exacto? ¿Durante todo el tiempo que pasas con la música escuchas alternativamente para asegurarte de que el instrumento produzca la nota que tienes en tu cabeza, con los matices y dinámicos que imaginas? Es fácil creer que lo haces; pero, ¿estás seguro de hacerlo?

A menos que el oído se encuentre evaluando en todo momento la calidad de nuestro trabajo, estaremos permitiendo muchas pequeñas imperfecciones a lo largo de nuestra interpretación. De hecho, muy a menudo nos inclinamos a jugar con nuestra interpretación. El oído debe estar tan entrenado y desarrollado que será nuestro monitor personal, advirtiéndonos cuando nos acercamos a un sonido inarmónico o detectando y guiándonos firmemente y con prudencia en el aspecto artístico.

  • Jose Lizana dice:

    EXCELENTE!!!
    realmente molesta escuchar cuando un acorde no se resuleve.

  • tatan dice:

    hay gran parte de la musica barroca que como ultimo acorde termina en una dominante que no se resuelve…no suena mal

  • María dice:

    Más que cuestión de estudio parece un problema de buen oído y de sensibilidad. De todas maneras, los hechos musicales y la anécdota -o, por lo menos según está ésta contada- no quedan muy claros.

  • noemí dice:

    Me gusta la historia de este pequeño momento, una buena lección.

    Aunque en realidad a mí me gustan los finales suspensivos; sí es verdad que cualquier oído aunque no esté musicalmente desarrollado busca siempre la caída sobre la tónica sin saberlo, y puede diferenciar perfectamente cuando está escuchando una cadencia o final de frase. Curioso.

  • Edgar López dice:

    En lo armonico de una pieza musical es sin duda muy importante saber que es lo que uno esta haciendo a tocar la obra y el oido se hace cada vez más fino en cuanto se tiene los acordes de los grados respectivos.

  • Darling dice:

    ¡Qué fresco es Handel!

  • Sergio Hernández dice:

    Hola:
    En el tiempo que llevo de músico, he aprendido que no es lo mismo oír que escuchar, parece lo mismo, suena igual y en muchas ocasiones es lo que nos hace cometer errores. Escuchar; cualquiera. Es el gusto por la música, sin definir el género, etc. Pero oír, va mas alla, ya que define lo que en realidad necesitamos y no solo lo que se escucha bien. En ocasiones hay tonos que a mi me parecen tan ilógicos, pero al poner toda la atención, resulta ser una melodia y perfecta… Creo que asi como las matemáticas, la música no siempre se rige por las mismas reglas… y como la cocina, a veces hay que añadir mas ingredientes para que tome un mejor sabor… Que bendición tenemos al poseer el oido musical… Saludos.

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