Optimizando nuestra práctica de piano sin tocarlo

Una buena ejecución del piano consiste principalmente en movimientos automáticos. Este es el caso en donde la propia ejecución ha alcanzado la etapa de una auténtica fluidez. De hecho, tocar artísticamente es imposible hasta que gran parte de los movimientos son automáticos; esto se debe a que si uno está obligado a pensar en cada detalle de la ejecución, es imposible tocar con belleza y prestación. El lado mecánico de la interpretación debe volverse tan automático que los dedos sean capaces de moverse con precisión absoluta, incluso sin ser guiados por la mente consciente. Al respecto, recuerda nuestro artículo sobre tocar rápido el piano.

Independientemente de las razones por las que tú tocas el piano, el desafío se encuentra en cómo alcanzar ese estado constante de automatismo motriz. Es seguro que con repetición constante de las piezas musicales se adquiere; pero este está lejos de ser un método eficiente para hacer las cosas. Está garantizado que la repetición lleva a los resultados deseados, ¿No hemos observado que todos que esos hábitos automáticos se desarrollan más fácil y rápidamente en ciertos momentos que en otros? ¿Alguna vez te has detenido a preguntarte por qué? Si lo has notado, habrás descubierto que cuando nuestra mente estaba más distendida y relajada tan sólo se necesitaban un reducido número de repeticiones para lograr esta condición de automaticidad. Ésta es prueba suficiente de que la solución a la formación del hábito radica enteramente en el control de los propios pensamientos durante las prácticas. Si te es difícil mantener la concentración mientras practicas, probablemente necesites parar y descansar un rato. De otro modo tan sólo estarás gastando tiempo y agotarás tu propia paciencia, ni hablar de la de aquellos que te escuchan practicar (por eso es recomendable encontrar una buena ubicación para nuestro piano en casa).

La palabra “concentración” nos señala el camino. La concentración de los propios pensamientos no es difícil si se busca por el camino adecuado. Con el fin de hacértelo lo más fácil posible simplemente ubícate en una posición cómoda, siéntate del modo que más te guste, y relájate completamente. Si prefieres puedes cerrar tus ojos. Despeja tu mente de todo pensamiento; debes procurar mantener tu mente en blanco. Luego de haber pasado un rato así pon en orden tus pensamientos y piensa en cualquier cosa puntual, por ejemplo una escala. Para comenzar, tomaremos la escala de Do mayor. Repasa mentalmente cada una de las notas que la componen. Piensa por un momento cada nota y su tecla correspondiente. Imagínate a ti mismo tocándola con una mano; primero la derecha y luego la izquierda. En realidad, intenta ver la tecla y el movimiento de los dedos en tu mente. Asciende y desciende por la escala de este modo hasta que parezca fácil. Luego haz lo mismo con las otras escalas, tanto mayores como menores. Haz lo mismo también con la escala cromática. Cuando hayas pasado por todas las escalas mediante este ejercicio puedes intentar escalas en terceras, quintas, y octavas. Será entonces cuando estarás listo para encabezar el verdadero trabajo—concentrar los pensamientos en dos o más movimientos o acciones al mismo tiempo. Será difícil al principio, te lo aseguro; pero luego de poco tiempo será tan fácil como lo era el movimiento de una sola mano al comienzo del ejercicio.

Aplicando este mismo principio a tus piezas descubrirás que memorizar ya no será un problema para ti. Incluso aunque nunca hayas intentado este ejercicio directamente en el teclado, se reflejará, sin embargo, en alguna interpretación subsiguiente. Con apenas iniciarte en este ejercicio desarrollarás esos hábitos que, al principio, parecían tan difíciles de adquirir.

Para finalizar, observa tres modos de tocar la sonata Appassionata de Beethoven.