Nov 28

Un hombre sin alma, si puede ser concebido, sería un tipo de criatura irresponsable, sin color y sin ningún tipo de influencia en el mundo. La música sin alma es igual de despreciable. La música sin profundidad de sentimientos no es música, es meramente ritmo y ruido.

Una espina dentro del maestro de música es el alumno que nunca infunde ninguna emoción a su interpretación, incluso a la más hermosa de las composiciones. Lo bueno es que cualquier estudiante puede superar tal defecto. Tocar con sentimiento o con “alma” puede ser cultivado. Suponga que ha dominado las características técnicas de una obra, o de varias, y aún su interpretación es aburrida y gris. Le falta la pasión o el fuego que mueve a las personas. Si has fallado es porque no te has adentrado en la música, no le has impregnado parte de ti. Si no entras al espíritu de la melodía, es porque tu imaginación ha estado inactivada mientras tus manos estaban ocupadas; la música no otorga nada pues no has puesto nada en ella.

Una pianista apasionada

Cultivar esto es vital para “vivir la música” o “bailar la música“: Si estás tocando una pieza rápida, una marcha por ejemplo, intenta perderte a ti mismo en el espíritu de la melodía. ¿Puedes ver la a la banda, con sus uniformes resplandecientes, marchando orgullosamente sobre la calle? Únete a la multitud en la acera y escucha la melodía.

Cuando hayas terminado y “regresado a la tierra”, descubrirás que te habrás emocionado; y tus oyentes también habrán sentido la diferencia. Sin embargo, esto es simplemente una ilustración. Puedes intentar el mismo ejercicio tocando hermosas serenatas, y encontrarte a ti mismo vagando en una noche de luna, escuchando las guitarras sonar y susurrando votos de amor.

Pon tu alma en la música, plasmando tu sentir a través de la teoria musical que has aprendido simplemente dejando que tu imaginación vuele libre y acompañe el sentimiento de la melodía.